jueves, 12 de enero de 2017

El ocaso de los populismos (1)

A diferencia de lo que pueda leerse en un reciente artículo de Libertad Digital, sostengo que en 2017 (año de conmemoración de dos revoluciones rusas que se produjeron en Rusia en 1917: la de febrero y la octubre, según el calendario juliano entonces en vigor en Rusia), sostengo, como digo, que este año se constatará el ocaso o declive de la moda política de los populismos, que comenzó con fuerza en Occidente a partir de las victorias electorales de Beppe Grillo en Italia y Syriza en Grecia.

Sin duda que el populismo occidental es anterior, se rastrea en manifestaciones políticas de extrema derecha, como las de Jean Marie Le Pen y su hija Marine, y en otras de extrema izquierda como el Chavismo en América Latina... De hecho, la etiqueta de "populismo" se ha solido reservar a los regímenes políticos autoritarios que se produjeron en América Latina durante la mayor parte del siglo XX, siendo el Chavismo y Bolivarianismo latinoamericano la última manifestación de este populismo regional (2).

Ahora bien, puede hacerse una intra-historia del populismo político que nos remontará hasta los fascismos, o hasta el bonapartismo, por no hablar de los Cesares romanos y su política de "pan y circo" (3). Es decir, el populismo es, hasta cierto punto, connatural con la política y su aproximación a las masas, ya sea por que se requiera su voto, su aprobación simpática o su participación en una empresa de tipo político, militar, etc. Es lo que también se conoce como el fenómeno del "liderazgo carismático", de las mayorías silenciosas o del plebiscito cotidiano, etc.

En definitiva, el fenómeno del populismo acompaña a la política. Pero, en periodos de crisis social, el fenómeno populista como el del liderazgo carismático puede verse acentuado, buscándose una figura salvífica y una solución milagrosa a todos los problemas. El populista "engaña" por su aparente familiaridad y parecido con el común de la población, por su simpatía y trato cercano (la campechanía, el don de gentes, la bohomía: que tiene su parte negativa al terminar siendo populachero o chabacano), por su también aparente coincidencia con el común o media de la población tanto en el análisis de los problemas sociales como de los soluciones (análisis simplistas de la realidad que tienden a presentar soluciones de los problemas aparentemente sencillas). El populista explota la vena victimista de la población, especialmente de sus estratos de población que en peor situación social se encuentran, y transforma esos casos excepcionales en generales, invocando una gran solidaridad nacional con su sufrimiento, y elevándonos a una nueva categoría de mártires y héroes de la patria; al simplicar tanto los análisis como las soluciones de los problemas, centra sus críticas en sectores concretos de la población, de manera que vuelca a toda la población en críticos y perseguidores de esos sectores, y en acreedores de unos intereses devengados que terminarán redundando en beneficio de la mayoría y resarcimiento de su postrera situación.

Pero, precisamente por eso, al ser el populismo un fenómeno político tan extremo en las soluciones a las que llega, tan excepcional en su surgimiento, y tan marginal en cuanto a los sectores de población en los que se fija y a los que hace protagonistas de sus políticas, puede acabar, y de hecho acaba resultando, pasajero. Ahora bien, las poblaciones que viven con más intensidad estos fenómenos pueden tardar muchos años en recuperarse de sus efectos, pensemos en la actual Venezuela o en la Alemania nazi. El populismo es un fenómeno político absolutamente circunstancial, pero no por ello menos grave, cuya gravedad y virulencia depende se las sociedades donde arraiga y del tiempo que tarda en desaparecer. Tiene el populismo algunas cosas a su favor que lo hacen atrayente y difícil de desarraigar, ya hemos hablado de su bohomia, de su don de gentes, de su discurso "llano" y aparentemente atractivo para la audiencia (no exento de ciertos autoritarismo). Eso puede confundir a la población al principio del fenómeno, arrastrar a los medios de comunicación al ser un fenómeno que eleva las audiencias, incluso a confundir y engañar durante algún tiempo a parte de la "clase" política que trata de imitarlo. Pero se acabó, conforme pasa el tiempo y se despeja el humo de sus fuegos de artificio, también pasa el fenómeno... La política "práctica", real, del día a día, se impone, las preocupaciones de la gente se concretan, y unos y otros llegan a la conclusión de que no existen soluciones fáciles, y de que no se pueden obnubilar nuestros sentidos siguiendo cantos de sirena; la cotidianidad, con sus sinsabores y pequeñas victorias, el trabajo con sus penas y alegrias es lo que gana terreno, y termina haciéndonos tocar el suelo y poniendo a cada uno en su sitio.

Pero, para concretar las amenazas del populismo en Europa, hoy en día, serían las siguientes:

- Italia: El anterior primer ministro (del Partido Demócrata) planteó una reforma de la Constitución que, básicamente, se visualizaba como centralizadora de competencias administrativas y concentradora del poder político en Roma, en su Parlamento y en el Gobierno de la nación. En un país como Italia, con diferencias territoriales históricas, y con tendencias federalizantes promovidas por la derecha, la propuesta uniformizadora y pro-estatalista de Renzi, su primer ministro de entonces, no funcionó. Por lo cual, acto seguido, Renzi presentó su dimisión. Se está a la espera de nuevas elecciones parlamentarias, posiblemente a finales de este año. Aunque parece que la estrella fulgurante de la política italiana es Beppe Grillo y su populismo anarquizante, en realidad Renzi muchas más papeletas para la re-elección, a la que ha prometido presentarse: es un político joven, con ímpetu, ilusiones y ganas de seguir trabajando para Italia desde la social-democracia y el reformismo; en cambio, los políticos que le pueden hacer sombra no acaban de ganar apoyo popular y tampoco cuentan con la confianza de las élites nacionales o europeas, la izquierda de Beppe Grillo, a lo sumo, gana adeptos para administrar municipios y regiones, por otro lado su partido es un guirigay poco o nada cohesionado, con demasiados capitanes para tan poco barco... A la derecha de Renzi, hay un magna de partidos políticos que tampoco están muy cohesionados, disputándose la sucesión al frente del centro-derecha italiano, después del paso del controvertido Berlusconi (un populista de derechas). Por lo tanto, la apuesta más fiables y razonable, dentro de un electorado que vaya a lo seguro, y después del varapalo dado a Renzi con su propuesta centralizadora, es que vuelva a confiar en Renzi como representante del cambio seguro y tranquilo, dentro de la ley y respetando los marcos democráticos.

- Francia: Habrá elecciones presidenciales para finales de la primavera, y todo el mundo cree con miedo que el populismo de derecha de la Sra. Le Pen saldrá victorioso. Pero se reproduce un escenario parecido al italiano, para el votante medio la opción de Le Pen es la más arriesgada en todos los sentidos; los partidos tradicionales de derecha o izquierda le ofrecen alternativas más solventes y airosas, el partido socialista atraviesa una crisis interna de liderazgo, en cambio el conservador ha sabido cohesionarse en torno al ex-ministro François Fillon. La doble vuelta del sistema electoral francés hace más que improbable la victoria de Le Pen en unas elecciones presidenciales en Francia, lo más probable es que se enfrente en segunda vuelta contra Fillon y, entonces, los partidos políticos responsables pidan el voto para el candidato neoconservador François Fillon.

- Reino Unido: El resultado del referéndum británico sobre la Unión Europea (UE) fue inesperado para todos. El Reino Unido confirmaba su tendencia a la separación y/o diferenciación de lo que acontece en el continente europeo. Es el conocido
estilo británico a la hora de dirigirse en todo, empezando por la conducción en sus carreteras. La confirmación de este nuevo periodo de relativo aislamiento inquieta a todo el mundo, supone amenazas pero también oportunidades para unos y para otros. El ala más conservadora del partido conservador es la que parece haber sido la gran triunfadora de esta nueva etapa política del Reino Unido (los conocidos euroescépticos), que cuentan, incluso, con un partido político propio, el UKIP (partido por la "independencia"). El UKIP plantea la separación total de la Europa continental, lo que no parece tan sencillo y deseable para el Reino Unido. Este país puede optar por una salida política de las instituciones europeas que, sin embargo, no implique perder los beneficios de pertener al mercado común europeo. Es la situación en la que se encuentran países como Suiza o Noruega. Las negociaciones para la salida del Reino Unido de la UE comenzarán esta primavera; en principio las declaraciones de los dirigentes políticos británicos son contradictorias, se muestran duros pero está por ver si esta dureza la mantienen a lo largo de toda la negociación. Aunque el Reino Unido corte sus relaciones políticas con la UE, renuncie a la nacionalidad europea, a la contribución económica al sistema administrativo europeo, etc., no puede prescindir de mantener relaciones políticas con todos los países de la UE y de participar en una toma de decisiones colegiada con otros países europeos, el Reino Unido forma parte de la OTAN, de la OCDE, del Consejo de Europa, y le interesa mantener buenas relaciones, en el marco transatlántico, entre EE. UU. y la UE. Por otra parte, la renuncia del Reino Unido al mercado común europeo resulta prácticamente impensable, aunque la relación no está exenta de desafíos y problemas, comporta muchas más ventajas para ambas partes que desventajas. Por tanto, el enfriamiento de las relaciones entre el Reino Unido y la UE no debe hacer pensar en una ruptura total, y es más que seguro que se buscarán mecanismos para seguir articulando las relaciones tanto en el terreno político como, sobre todo, en el económico, que sean beneficiosas para ambas partes. De lo contrario, el Reino Unido también podría enfrentarse al crecimiento de las tensiones separatistas dentro de su territorio para lograr una mejor relación con la UE. 
 
- España: El populismo de izquierda, representado por Podemos, está en franco retroceso azuzado por debates internos y la demostración de que no son nada diferentes de lo que criticaban sino todo lo contrario. Su intentona de llegar a un gobierno de coalición, a todas luces golpista, con el PSOE y los nacionalistas, fracasó este otoño. Le queda sólo aplicarse a la política realista del día a día de las instituciones, y en esa política todos los populismos encuentran su talón de Aquiles. Aparte de eso, en España se ha intentado fraguar un populismo de derechas, a imagen de los movimientos xenófobos y/o neonazis europeos, y han fracasado. De España "se apoderó" un populismo de izquierda (como ocurrió también en Grecia, y de alguna forma también en Italia) pero ese populismo demuestra tener poco vuelo para continuar y reproducirse en sucesivas fases insurreccionales y/o agitadoras. En ese sentido, los movimientos "totalitarios" en Europa, afortunadamente, hoy por hoy, están a raya y se hunden en su propia ambición y prepotencia. En el caso griego, cuyo populismo de izquierda es similar al español, con el que está hermanado, es el testimonio de la fragmentación y descomposición de la sociedad griega en medio de una aguda crisis social y económica que, con la ayuda de la Unión Europea, logra superar, por lo que tampoco se espera a corto y medio plazo que el caso griego logre erosinar las instituciones políticas y económicas europeas y, de paso, agudizar el resto de fenómenos populistas que vive Europa (incluido el británico). Las incertidumbres persisten pero, de momento, tanto las instituciones comunitarias como nacionales de cada país logran neutralizar y reconducir el fenómeno populista. El caso más paradigmático lo tenemos en Austria, donde el populismo de derecha ha amenazado con llegar a la presidencia del país mediante las elecciones y las instituciones austriacas (judiciales y políticas) se han comportado ejemplarmente para reconducirlo y exorcizar la amenaza.


A los casos descritos se podrían añadir los de EE. UU. y Rusia que, como el de Venezuela, tangencialmente se pueden considerar dentro de la órbita cultura occidental u europea. EE. UU. tiene ahora un presidente populista "de derecha", pero no hay que llamarse a engaño, porque el anterior lo era "de izquierda". Por otro lado, Rusia vive el resurgimiento de una nomenklatura que controla el poder político y económico, pero, esta vez, con parámetros más occidentales que soviéticos (capitalistas). Por último, Venezuela se enfrenta a una aguda crisis social, política y económica para la que no hay otra salida que la convocatoria de elecciones presienciales anticipadas, contando ya la oposición con el control democrático del Parlamento. Por lo tanto, EE. UU., Rusia y Venezuela son casos particulares que no deslucen sino que vienen a confirmar nuestra idea general de que el populismo es un fenómeno político, resultado de la crisis social y económica que se vivió en Occidente a partir de 2007, y que ha entrado en una fase de lento e irremisible retroceso, siendo sucedido por instituciones democráticas más robustas y por una participación más saludable de la ciudadanía en la marcha de dichas instituciones.

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(1) En el artículo abordo los casos de España, Italia, Reino Unido, Francia, Grecia y Austria, para Europa occidental, y de EE. UU., Rusia y Venezuela, para el resto del mundo. No abordo el caso de Alemania, donde desde hace algunos años hay una opción "euroescéptica" que está creciendo como es "Alternativa por Alemania". En general, el nacionalismo y la extrema-derecha ha ido creciendo en Europa, especialmente en la Europa nórdica y oriental, azuzada por la crisis social, económica y cultural que arrastran por diversas causas; la caida del comunismo y la irrupción del neoliberalismo, la emigración masiva o la inmigración masiva (ambos fenómenos se dan, paradójicamente, en países de Europa occidental como Reino Unido o España)... Todo esto anima las opciones políticas extremistas y populistas, de derecha o de izquierda, que se apuntan por igual contra la globalización o la Unión Europea. Pero, en mi opinión, en todos los casos de Europa el resultado suele ser el mismo, los populismos ceden ante los partidos de centro, en todo caso radicalizan a estos partidos de centro derecha o centro izquierda, es el caso de los conservadores franceses o de la izquierda griega. En Alemania, el populismo de "Alternativa por Alemania" compite con otros grupos de extrema-derecha y, aunque gana influencia local y regional, ante una coalición de los grandes partidos alemanes tiene poco o nada que hacer.
(2) Profesor Manuel Pastor de Ciencia Política: "podemos resumir que el populismo se basa en dos principios fundamentales: la supremacía de la voluntad del pueblo y la relación directa pueblo-líder, y la defensa de la continuidad de la organización sociocultural frente a la penetración de capitales, técnicas e ideas de origen extranjero" (Manuel Pastor, Fundamentos de Ciencia Política, ed. McGraw-Hill, 1994, p. 131).

(3) El ejemplo más destacado de este populismo cesarista sería el de Julio Cesar.