viernes, 20 de enero de 2017

El BREXIT y los populismos

Ni que decir tiene que yo he sido uno de los grandes sorprendidos cuando la primera ministra británica, Theresa May, apareció este martes en público para anunciar que su país se decantaría por un BREXIT "duro" en su negociación con la Unión Europea (UE), lo que supone irse al último de los círculos concéntricos que rodean administrativamente a la UE, el de los tratados comerciales (o las uniones aduaneras).

La UE dispone de varios círculos concéntricos a su alrededor, lo que también se conoce como la UE de varias velocidades, de geometría variable, etc...

El primer círculo concéntrico es su núcleo duro político, administrativo, judicial y económico que representa la Eurozona, es decir, todos los países que comparten la misma moneda de cambio, el euro.

El segundo círculo lo representa el de aquellos países que comparten la unidad política, administrativa y judicial, pero no la económica. Supone una armonización de políticas nacionales e internacionales de los países que lo integran, así como de legislaciones nacionales, una contribución a un fondo económico común, y la participación en todas las instituciones que conforman la UE, excepto las referidas a la moneda común.

El tercer círculo concéntrico alrededor de la UE lo representa el mercado común, el mercado interior, heredado de la primera Comunidad Económica Europea (CEE) que estuvo en vigor hasta el Acta Única Europea (1987) y su consecuencia lógica, el Tratado de Maastricht de 1992. El actual mercado común europeo se estableció con el Acta Única Europea, como desarrollo de la Comunidad Económica Europea que había antes que él. El Tratado de Maastricht garantizó el disfrute, en su seno, de las cuatro libertades económicas, la libertad de movimiento de capitales, la de movimiento de personas, la de bienes y la de servicios, esto es así porque con la UE se alcanza la unión aduanera efectiva de todos sus países miembros y el fin de las fronteros interiores entre ellos.

Con esto nos vamos al cuarto círculo concéntrico alrededor de la UE, el de aquellos países que forman parte del Espacio Schengen, supone la unificación de las políticas aduaneras de todos los países miembros de la UE, sin reemplazar a cada país en la administración de sus propias fronteras, pero estableciendo unos mismos criterios en su administración y asumiendo una misma política fronteriza de todos los países miembros de la UE con respecto al resto del mundo

Existiría, por último, un quinto círculo concéntrico administrativo o regulatorio de la UE representado por los tratados comerciales que tiene con terceros países, que en la práctica supone algún tipo de unión aduanera.

España formaría parte del primer círculo administrativo de la UE, por tanto forma parte de la misma en su núcleo duro político, administrativo, económico y judicial. Hasta el momento el Reino Unido formaba parte de su segundo círculo, se reservaba algunas bazas económicas soberanas, recibía un cheque económico de la UE por su participación político, administrativa y judicial en la misma, y por su inclusión en las cuatro libertades económicas. Noruega y Suiza verían a la UE un poco más lejos, a partir del mercado interior común a todos los países de la UE, del que formarían parte, pero sin integrarse en las instituciones comunitarias. Mónaco y San Marino, o el Vaticano, disfrutarían de la UE un poco más lejos, desde su Espacio Schengen, lo que les permitiría disponer de la unificación fronteriza interna a la UE. Y más afuera de la UE, ya con tratados comerciales que regulan los intercambios entre la UE y esos países, se ecuentran Andorra, Turquía y Canada.

Pues bien, el Reino Unido, según su primera ministra, querría renunciar, no sólo a la unión política, fiscal y aduanera, con la compensación de la UE subsiguiente, sino también al mercado común (con sus cuatro libertades económicas aparejadas), al Espacio Schengen, con la consiguiente unificación aduanera, y situarse en el específico espacio de los países que mantienen acuerdos comerciales bilaterales con la UE, como Andorra o Turquía, es decir, toda una revolución política para el Reino Unido, y un quiebro institucional, además de económico, para la UE, que se suma al calvario ya pasa por la crisis económica que vive la Eurozona, agudizada en países como Grecia, y al conflicto económico, político y militar larvado que vive con Rusia, como consecuencia del nuevo gobierno instaurado en Ucrania en 2014 y la división territorial posterior.

Yo, como muchos otros, suponía, esperaba, que el Reino Unido se decantara por un BREXIT "blando", es decir, salirse de las instituciones de la UE pero seguir "disfrutando" de su mercado común y, consiguientemente, de sus libertades económicas. Lo que ha anunciado su primera ministra es que no va a ser así. El Reino Unido se sale política y económicamente de la UE, y adopta frente a ella la misma posición que Turquía o Canadá. Que, como digo, esto es un varapalo para la credibilidad de la UE, creo que no cabe la menor duda. Turquía, por ejemplo, tendrá ahora muchos menos incentivos para seguir pretendiendo su entrada en el club europeo. En cuanto al Reino Unido, emprenderá, con toda probabilidad, un ambicioso proyecto de libertad económica y política en el mundo, que lo situará al lado de países emergentes, nuevo mercados y oportunidades económicas para sus ciudadanos en todo el mundo. Esto, antes que ir en contra de sus señas de identidad, las reafirma, en la apuesta del gabinete dirigido por Theresa May por el liberalismo económico y la soberanía nacional de su país (cuestión aparte es que esto pueda reactivar los particulares nacionalismos periféricos del Reino Unido, algo que la propia Sra. Theresa May ya prev en su discurso del martes). Quedan flecos sueltos, como la cuestión de los derechos adquiridos por los ciudadanos de la UE que residen en el Reino Unido, o de los ciudadanos británicos que hacen lo mismo en la UE, pero son cuestiones aparte que se resolverán (deberán resolverse) durante la negociación entre Reino Unido y las autoridades comunitarias.

Los europeos, con estas propuestas de los británicos, tenemos más motivos, y no menos, para sentirnos inter-dependientes con el resto del mundo. Seguramente, los europeos aprenderemos mucho de la experiencia que están a punto de comenzar los británicos, y el resto del mundo también aprenderá de los europeos, a través de los británicos. El Reino Unido no sólo tiene la intención de llegar a un acuerdo comercial con la UE, sino también con EE. UU. El nuevo presidente estadounidense, Donald Trump (como su antecesor, Obama), ya ha dicho que está de acuerdo con llegar a ese acuerdo comercial con el Reino Unido; entonces, ¿dónde queda el proteccionismo del "populista" Trump"? Seguramente Trump sea proteccionista, hasta cierto punto (como lo han sido sus predecedores), pero tampoco podrá por menos que seguir apostando por las libertades económicas en un mundo globalizado, del que EE. UU. ha sido uno de sus principales artífices.

Entonces, ¿dónde quedan los populismos? Como decíamos en un artículo anterior, los populismos son rebajados en sus pretensiones por el ejercicio cotidiano y regularizado de la política, entonces se mide sus verdadero empuje y hasta donde están dispuestos a llegar en lo que propugnan y como piensa hacerlo. Y, como decíamos en el artículo anterior, tan político populista era Obama como ahora lo es Trump. Nos reafirmamos en la tesis de dicho artículo: la política populista mundial ha llegado, con Trump y el BREXIT, a su máxima apertura, ha tocado, o está tocando, el techo de sus aspiraciones mundiales, y no necesariamente para mal, a partir de este momento sólo queda que esa ola política, económica y militar empiece a descender. Lo cual quiere decir otra cosa, si no nos equivocamos demasiado, y al contrario de lo que dicen ciertos comentaristas del "neofascismo": la ola bélica internacional que conocermos como "guerra contra el terrorismo" empezará a disminuir, entre otras cosas porque no es buena para los negocios, y nos embarcaremos en una nueva era (de diez años, aproximadamente) de nuevos y formidables negocios en todo el mundo (que harán las delicias de la clase económica alta a la que pertenece Trump, y de los reguladores financieros de la City de Londres, y, si no se lo acaban de creer, esperen y vean).

Por lo tanto, insistimos, estamos ante el final u ocaso (comienzo del descenso de su política) de los populistas mundiales, lo cual no quiere decir que el fenómeno no pueda aun manifestar algunos repuntes violentos (como en el caso de la mortandad de un virus que tiende a remitir o desaparecer: Trump asume el compromiso estadoudense contra el Estado Islámico, de hecho, se propone, en ese sentido, ser más expeditivo y concienzudo que su predecesor, planteando una gran alianza mundial, que esta vez incluirá a Rusia, lo que pienso que contribuirá a rebajar la tensión entre el Este y el Oeste, cuestión aparte será el papel que los países árabes pasarán a ocupar en esas alianzas, y cómo a China se la encarrilará por la senda del capitalismo mundial, senda que está ansiosa por recorrer). Pero, como decimos, creemos que los picos de actividad socio-política del populismo ya han pasado, o están a punto de pasar (como el pico de populismo-militarismo de Obama, o incluso, antes el de Bush Jr., creo que no lo volveremos a ver); en definitiva, a lo que asistimos, en mi opinión, es al CANTO DE CISNE del populismo (su demostración final antes de su  muerte), antes que a su repunte y reavivamiento mundial, ni siquiera el escenario de "enfrentamientos civiles" que prepara la izquierda en EE. UU. para vengarse de la llegada al poder de Trump servirá para hacerlo retornar; ese tiempo, si no ha pasado ya, creo que está próximo a pasar, mediante la resolución de conflictos civiles por vías pacíficas y políticas (y pienso que la administración Trump tiene su oportunidad para demostrar su eficacia y eficiencia al respecto).

En todo caso, sólo el tiempo despejará estas incógnitas, y espero que en la línea de lo que apunto.